El experimento de Everett [Parte 2/2]

Guillermo se encontró temblando. Desde que lo despidieran de su trabajo meses atrás, se había pasado noches en vela intentando entender la razón por la que fue destituido de un trabajo al que había entregado toda su atención, y cuando el amor de su vida se marchó tras decidir que no podía continuar junto a una persona que había perdido todo, se empezó a preguntar como habría sido su vida si todo se hubiera mantenido como estaba antes del despido. Ahora, después de tanto tiempo, ante él se abría la posibilidad de revivir, aunque fuera de forma simulada, todo aquello que en su día le hizo sentirse una persona querida.

- ¿Corro algún riesgo exponiéndome a esto? Estoy aquí para ayudarte y eso haré, pero necesito asegurarme de que sabes lo que haces.
- Confías muy poco en mi, Guillermo. -Sonrió de nuevo. Esta vez de una forma que  asustó un poco a su hermano- eres de mi familia, y como tal no dejaré que te pase nada malo. Te tendremos controlado por la pantalla de este cacharro que ves aquí -Dijo, señalando a la caja metálica-, sirve para medir tu actividad cerebral. Si vemos algo inusual, te sacaremos, no te preocupes. -Aquello debería haber disipado toda inquietud de Guillermo, pero no fue así. Había escuchado cosas sobre lo excéntrico que era su hermano y temía por que el éxito de la prueba fuera a anteponerse ante su seguridad, aun así, había llegado hasta allí y ya no podía echarse atrás- De acuerdo entonces, me pongo en vuestras manos. ¿Qué he de hacer ahora?
- Simplemente relájate y déjate llevar. Tu cerebro sabe en todo momento qué quiere y una vez que te conectemos al aparato, analizará tu mente y te traerá de vuelta a tu pasado feliz. -Volvía a sonreír frenéticamente-
- O al menos, así es como se supone que funciona. -Intervino Rosa-
- -Hugo fulminó con la mirada a su compañera- Nada de suposiciones querida, hemos estado meses estudiando esto, así es como funcionará.

Escrito por : Iván C. C.
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El experimento de Everett [Parte 1/2]


El experimento de Everett


Las 5:30 de la mañana y Guillermo seguía sin poder dormir. En menos de tres horas se tenía que levantar para ducharse, desayunar, vestirse e irse al laboratorio del que su hermano era dueño.

Éste le había ofrecido la semana anterior formar parte de un proyecto que aseguró que iba a revolucionar el mundo. Desde entonces no podía más que contar las horas restantes para poder formar parte de semejante propósito. En el último año su vida había sido una constante derrota tras otra, perdiendo  todo lo que alguna vez amó, incluido su trabajo y su pareja, con la que había compartido los últimos trece años de su vida, y la idea de ser testigo de algo tan ambicioso como lo que su hermano proponía hizo que por primera vez en meses tuviera ganas de alzarse de la cama.

Sabiendo que no iba a poder pegar ojo, Guillermo decidió levantarse. De nada servía seguir tumbado. Así pues, se dio una buena ducha de agua fría para despejar la mente, y al salir de ésta, aprovechando que su hermano no le había puesto ninguna traba en lo que podía o no podía desayunar ese día, decidió prepararse su desayuno favorito al estilo americano: Un huevo frito con chorizo, y para acompañar, unas patatas fritas cortadas en gajos, como a él le gustaban. 'Don Colesterol debe estar dando palmas', bromeó consigo mismo. 

Tras acabar con el desayuno, encendió la cafetera, y mientras el café se hacía, decidió volver a su habitación para elegir qué se iba a poner. Prefirió no ir demasiado formal, puesto que iba a ver a su hermano. Tras vestirse, Guillermo volvió a la cocina para tomarse con presteza su café, acicalarse el pelo frente al espejo del vestíbulo, coger las llaves y la cartera y salir de casa.
Escrito por : Iván C. C.
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